El
mundo está cambiando ¿lo notáis? Sería raro si no lo hicieseis porque nadie
habla de otra cosa. Crisis, guerras, pobreza, desahucios, impuestos, desempleo…
Así no es difícil encontrar cada vez a más personas desmotivadas y frustradas.
Cuando
esto pasa el miedo y la vergüenza nos paralizan. Al estar paralizados nos es
más difícil buscar posibles soluciones o alternativas, intentar adaptarnos a
los cambios, encontrar salidas. Yo no soy una experta Orientadora Laboral,
Psicóloga o Gurú, pero me he visto afectada como cualquier otra persona por
estas circunstancias. No es que haya superado muchas barreras, ni que haya
conseguido darle la vuelta a la tortilla porque hay cosas que no puedo cambiar,
simplemente no dependen de mí, no está en mi mano. Sin embargo hay algo que
depende única y exclusivamente de mí misma: mi conciencia, mi actitud frente a
los problemas, mi propia disposición al cambio o adaptación.
Por
eso desde aquí me gustaría compartir las pautas que he ido poniendo en práctica
en los últimos meses para hacer de mi día a día algo diferente a lo que venía
siendo, para salir de esa inmovilidad en la que estaba sumida, para cambiar mi
mentalidad frente al consumismo y las necesidades básicas. En fin, una serie de
consejos o “tips” que a mí me han funcionado porque he conseguido reengancharme
a la rutina de una forma más sana y con menos perjuicio para mi bolsillo.
- Para ello
algo que me está ayudando mucho a vencer el desánimo es tener un horario de actividades programado. Sigo
estudiando, trabajando, teniendo tiempo para ocio, ocupándome de todo lo
relacionado con la casa, buscando empleo… Pero todo lo hago de una forma más
organizada, aunque flexible.
- Es
imprescindible para mí levantarme temprano,
normalmente a las 7:00 de la mañana, esto me permite aprovechar el día ya que
por motivos de trabajo tengo que almorzar bastante temprano y si paso más
tiempo en la cama al final acabo desperdiciando el tiempo.
- Algo que me
ha ayudado casi de forma inconsciente es ducharme y arreglarme
cada mañana,
aunque no tenga nada especial por hacer. Así estoy preparada para salir a
comprar algo de última hora, a pasear o a lo que sea sin “dejarlo para mañana”
porque aún estoy en pijama. Así que para mí es imprescindible estar en casa
como si fuese a trabajar.
- Desayunar, siempre. Antes no solía hacerlo, me costó
acostumbrarme, ahora me parece indispensable y ya es un hábito más.
- Abandonar los alimentos precocinados y la comida a domicilio. Aunque siempre suelo tener por casa verduras congeladas, ya no recurro a otra clase de comida instantánea como sopas de sobre, pizzas, bolsas de revueltos o arroces, salchichas, salsas preparadas, etc. Quería que mi comida fuese casera, preparada por mí, más aún cuando disfruto en la cocina. A veces (por la pereza de cocinar sólo para 2) recurría en casa a la comida rápida o a pedir comida a algún establecimiento cercano a casa. Eso se acabó, me encanta cocinar así que tenía que hacerlo bien. Desde que tomé esta decisión he adelgazado sin necesidad de hacer dieta y además me he ahorrado bastante dinero.
- No a las compras impulsivas. Hay ocasiones en que un refuerzo
rápido parece la solución a todos nuestros problemas. Comprar actualmente es
demasiado fácil, sólo necesitas tener una tarjeta de crédito y acceso a
internet. O dar un paseo por un centro comercial. Decidí que eso se acabó
aunque tuviese que trabajar en mi autocontrol y encontrar alternativas a esas
manías. Se acabaron los refuerzos inmediatos que después dejaban paso a
sentimientos de culpabilidad que acababan alimentando el círculo vicioso.
- Vuelta al transporte público. Abandono el coche más que para lo indispensable. A diario vuelvo al bus, más económico y ecológico.
- Como dije en la primera entrada “La crisis potencia la creatividad”. Todo esto me está enseñando a reutilizar las cosas y encontrar nuevos usos y formas de combinar objetos para no gastar más dinero. Además utilizo cosas que otra gente no quiere y si hay algo que creo que “necesito” y no tengo intento buscar opciones que sirvan para lo mismo. Si aún así no encuentro la solución prefiero replantearme el problema pensar si realmente “necesito” eso. Es decir: estoy aprendiendo a prescindir de muchas cosas.
- Por el
contrario también me he dado cuenta que las personas necesitamos relajarnos, disfrutar e invertir tiempo con los amigos. La
mayoría de las veces esto implica gastar dinero, aunque se puede hacer de forma
diferente: estirar un café, salir de cervezas en vez de beber copas, dosificar
las salidas, quedar en casa con amigos… Otras veces esto no tiene porqué
significar un gasto, hay muchísimas cosas que se pueden hacer estando
acompañado y sin invertir más de lo que lo harías si te quedaras en casa.
Está
claro que estos son solo unos pocos consejos, hay muchos más que aún guardo
para entradas posteriores. Supongo, de todas formas, que esto no será nuevo
para nadie, sólo quiero compartir mi experiencia. Además me gustaría
profundizar en ellos con entradas específicas (por ejemplo en las áreas de
diversión con los amigos, alimentación, compras compulsivas…), que irán
llegando poquito a poco.
Si
te ha gustado esta especie de introducción te animo a que entres aquí de vez en
cuando para ver cositas nuevas, o que te suscribas al blog =)
Un
saludo y ¡disfruta de tu día!
No hay comentarios:
Publicar un comentario